Con Venezuela sumergida en la peor crisis económica de su historia, no falta quien quiera “rebuscarse” con un extra que le genere ingresos sin tener que invertir tiempo ni esfuerzo, y recientemente ha resurgido una nueva “oportunidad” para este público: la flor de la prosperidad.

También conocido como el telar del éxito, este negocio promete a sus inversionistas ganancias sustanciales, esto a cambio de incluir más clientes en el negocio. Básicamente, cada persona que invierta, debe sumar a otras dos a la “inversión”, y así sucesivamente.

¿Cómo funciona?

Efectivamente, este entramado genera ganancias para los inversores, quienes en poco tiempo empiezan a ver los ingresos y atraen a más interesados al negocio bajo la promesa de que van a percibir buen dinero rápido y de forma fácil, pero el encanto se acaba cuando uno de los inversores no logra captar más clientela.
 
El negocio se inicia con una persona, no inversora, que obtiene fondos de otro tanto de interesados y luego paga a estos con el mismo dinero que han entregado otros. Es decir, María, personaje ficticio para ejemplificar el caso, decide comenzar su flor de la prosperidad y para esto, convence a cuatro amigos o familiares de confianza y les dice que si invierten USD 20, ella les devolverá USD 40.
 
Deslumbrados por la propuesta, estos acceden a invertir en la negociación. Eso sí, para percibir los USD 40, María les exige incluir a dos personas más en la trama. Mientras que María recibe USD 80, para arrancar el negocio, sus cuatro allegados apenas reciben USD 40, USD 20 por cada nuevo inversor.
 
Así, se va conformando una especie de pirámide en la que todos dependen de nuevos inversores para tener ganancias, mientras que María, al ser la “dueña” del negocio, la punta de la pirámide, se va quedando con las inversiones netas de sus primeros cuatro inversionistas y de todos los demás que logre captar, puesto que estos cobrarán su parte de las ganancias cuando capten por su cuenta nuevos “socios”
 
La trama se complica cuando uno de los inversores no consigue más interesados en sumarse a la transacción. Esta persona no recupera su inversión, USD 20, y tampoco obtiene la ganancia prometida, USD 20. Al final, su inversión se la queda María, quien nunca pierde, puesto que, aunque no consiga más inversores, nunca hizo una inversión para estar en el juego, sino que utilizó a los demás para generar sus propias ganancias.
 
La estafa piramidal
Es un esquema de negocios que se mantiene por la inclusión de nuevos inversores, quienes, al invertir, benefician a quienes los incluyeron en la transacción, y para obtener ganancias, deben buscar sus propios inversores, creando así una pirámide. Esta estructura se caracteriza por requerir un número cada vez mayor de inversionistas, quienes, básicamente, sostienen a los inversores que están desde antes que ellos en el negocio.
 
De acuerdo con Gestión, existen dos tipos de estafa piramidal, la cerrada, en la que una sola persona mantiene contacto directo con todos los inversores y es quien controla la pirámide; y la abierta, en la que todos los participantes se convierten en estafadores al incluir a nuevos inversores para obtener ganancias. Este segundo tipo es el expuesto en este caso y es conocido también como célula o flor de la abundancia.
 
Mientras que en las estafas de pirámide cerrada, una sola persona es quien controla todos los fondos, en las de pirámide abierta, se generan nuevas subpirámides que, a su vez, generan más, y así sucesivamente, hasta que el sistema se quiebra.
 
La primera modalidad colapsa cuando el dueño del negocio no consigue más inversores para pagar las ganancias a sus inversionistas más antiguos, y tampoco tiene dinero disponible para regresar las inversiones netas, puesto que las ha utilizado para cubrir parte de la cuota de intereses de los nuevos clientes y para crear su propia fortuna.
 
Entretanto, la segunda se quiebra cuando uno de los inversores no logra armar su propia flor de abundancia. En sí, ninguno de los mecanismos está basado en una inversión real, sino en la redistribución de la renta.
 
Madoff y su esquema Ponzi
El caso más reciente y controversial de estafa piramidal, es el de Bernard Madoff, dueño de una de las firmas más importantes de Wall Street, quien por años mantuvo este mecanismo incluyendo nuevos socios a su cartera. El esquema de Madoff colapsó cuando él le confesó sus hijos, en 2008, que estaba en bancarrota y que no tenía dinero para pagar las ganancias ni regresar las inversiones a sus clientes, puesto que, realmente, nunca invirtió nada.
 
De acuerdo con El País, Madoff logró mantenerse en el mercado como un inversor confiable ofreciendo ganancias altas, pero no exorbitantes, y mostrándose como un hombre poco codicioso, pero con mucha seguridad. El corredor de bolsa estadounidense, cometió fraude por un estimado de USD 50,000 millones, el más grande de la historia.
 
“El dinero que ingresaba, Madoff lo usaba para pagar a algunos de sus clientes. Y cuando dejó de entrar dinero se cayó la escalera. Se quedó sin ingresos para cubrir con las obligaciones”, explicó el consultor financiero de Washington Isaac Cohen, al medio español. Cuando se quedó sin dinero, confesó a sus principales socios, sus hijos, quienes también invirtieron a ciegas en el negocio, que todo había sido una estafa.
 
Los fondos de Madoff eran tan confiables, que incluso Banco Santander y el BBVA, invirtieron. Logró escapar, además, de las rigurosas auditorías de la Comisión de Valores de EE.UU., mostrando libros con datos falsos que la comisión nunca se dio la tarea de comparar con los estados de cuenta, básicamente, por ser un corredor sumamente confiable. Pero, ¿cómo Madoff logró esto? Según el  el agente del FBI encargado del caso, Theodore Cacioppi, Bernard creó un imagen de confianza difícil de derrumbar.
 
Filántropo y Dios de los negocios, el hombre de más de 70 años no se escondía, a diferencia de otros, detrás de su empresa, sino que él era la empresa. No solo llevaba su nombre en la firma, Bernard Madoff Investment Securities, sino que era él quien cerraba el trato, de primera mano, con sus inversionistas, por lo que todos pensaban que, al ser un personaje público, no haría nada fuera de la ley que lo perjudicara. Esto creó una imagen de confianza que, combinada con las ganancias prometidas, convirtió a la firma en una de las más fiables de la Bolsa.
 
Madoff utilizó el método de pirámide cerrada, o esquema Ponzi, popularizado en la primera mitad del siglo pasado por Carlo Ponzi, un inmigrante italiano que se hizo multimillonario y estafó nueve millones de dólares bajo el engaño de regresar 50% sobre el monto de la inversión en un plazo de 45 días, o del 100% en tres meses, por comprar cupones postales extranjeros para redimirlos a su valor nominal en Estados Unidos.
 
¿Cómo evitar caer en el fraude piramidal?
Con la crisis económica en pleno auge, el mercado para estas estafas se ha expandido en los últimos seis meses de manera abrumadora. A través de las redes sociales se vende el esquema de la flor de la prosperidad como un negocio brillante, que promete ganar-ganar en poco tiempo y en divisas con una mínima inversión.
 
Pero no solo se vende en las redes sociales, y es que este negocio ha logrado calar en el mercado venezolano al punto de realizar promociones en eventos de gran envergadura, celebrados en prestigiosos hoteles de Caracas. Así lo dio a conocer un usuario en Twitter, quien contó que a las conferencias asisten cientos de personas, posiblemente ingenuas, que creen que pueden ganar unas cuantas divisas bajo este método.
 
Sin embargo, una vez que las personas invierten, no hay garantías de ganancias, a menos que estas consigan sus propios inversores. Actualmente, por la devaluación del bolívar, estas transacciones se realizan en dólares, lo que es más grave aun, puesto que quienes quedan en la base de la pirámide, es decir, que no consiguen armar su propia flor de la abundancia, pierden sus divisas.
 
Sabiendo lo anterior, es importante encender las alarmas para no caer en estos negocios que, finalmente, terminan afectando a un número importante de personas.

ALD/ElCooperante