Drogas, corrupción y sangre. El segundo día del testimonio de Jesús “el Rey” Zambada García, testigo de cargo contra el Chapo, detalló como el cártel de Sinaloa pagó sobornos, siempre en dólares estadounidenses, a altos cargos judiciales, policiales, “incluso a la Interpol”, para lograr cobertura y seguridad en sus operaciones de tráfico de drogas.

Zambada era el lugarteniente de su hermano de Ismael “el Mayo”. Ismael se halla huido de la justicia y está considerado el líder del cartel en sociedad con el Chapo. El testigo relató con naturalidad que él, como encargado de la “plaza” de México City, pagaba unos 300.000 dólares mensuales en sobornos a responsables de la fiscalía general, a la dirección de la policía judicial, de la de carreteras o a los agentes municipales.

Dejó ir una pincelada. Él iba a realizar una operación importante de cocaína en el estado de Guerrero. Lo comentó con su hermano ‘el Mayo’ y con Joaquín Guzmán, el Chapo. “Este me dijo que fuera a ver al General Toledano y que le diera 100.000 dólares y un abrazo de su parte”. El pago lo definió como “un regalo”. El Chapo afronta una posible condena a cadena perpetua por introducir en Estados Unidos centenares de toneladas de cocaína, heroína, marihuana o metanfetaminas.

“De esta manera conseguíamos el apoyo de las autoridades para proteger nuestras operaciones, cosa en la que también contábamos con la intervención de los sicarios, reconoció Zambada.

Quedó claro que si una de las patas del narcotráfico es la corrupción –este juicio, que se va alargar tres o cuatros meses, es un pésimo anuncio para México-, la otra es la operatividad criminal. Sin escrúpulos. El Rey, que se declaró culpable en su día y ha colaborado como un arrepentido para aminorar su pena, confesó que su hermano el Mayo y el Chapo se enzarzaron en varias guerras para mantener el dominio y la expansión del cartel. “Hubo muchos muertos”, dijo el testigo, al que el Chapo le miraba de manera constante, aparentemente, desde el banquillo de los acusados.

Zambada relató como el cartel de Sinaloa, antes conocido como La Federación, emergió en los años 90 como una alianza de varios señores de la droga y, liderados por el Mayo y el Chapo, abrieron una guerra a la poderosa familia de los Arellano Felix.

“Siempre hay cadáveres”, remarcó. Uno de los capítulos más sangres se registró en 1992, en una discoteca de Puerto Vallarta (Jalisco). Los sicarios del Chapo fueron a por uno de los Arellano Félix. Fallaron, pero en el tiroteo murieron varios pistoleros, de ambos bandos, y clientes del night club.

En una de estas confrontaciones, también le tocó a Zambada. Le cogieron a la hora de ir a comprar. “Me dispararon a la cabeza pero la bala salió alta, sólo me rozó. Pensaron que estaba muerto, saqué la pistola y abrí fuego”, hasta que los otros se marcharon.

“Nunca maté”, confesó. Pero reconoció que participó en los preparativos de tres asesinatos. “Localicé a los objetivos, pasaje mensajes a los sicarios. Uno de los marcados era un agente judicial y los otros miembros de una banda”, pasaje que rememoró con frialdad, como si nada.

--¿Supo si se completaron esas operaciones?

-Normalmente.

ALD/VAN

16/11/2018