El Danske Bank, el primer banco de Dinamarca, forzó la dimisión de su patrón, el noruego Thomas Borgen, como primera medida para hacer frente al que posiblemente sea el mayor escándalo de lavado de dinero de la historia.

La pequeña filial en Estonia de Danske Bank habría sido responsable de canalizar hacia el mercado financiero europeo, entre 2007 y 2015, unos 200.000 millones de euros, 230.000 millones de dólares al cambio actual. Ese dinero sería de 6.200 clientes "de riesgo" –se analizaron los movimientos de unos 15.000 clientes- y no residentes en Estonia, la mayoría rusos o residentes en países que algún día formaron parte de la antigua Unión Soviética.

Borgen lo sabía al menos desde octubre de 2013 –un mes después de llegar al cargo-, cuando Danske Bank en Estonia llegó a tener el 44% de los depósitos de no residentes y a canalizar un flujo “anormalmente elevado” de dinero hacia el sistema financiero europeo.

La dimisión de Borgen se produjo después de que la noche del miércoles Danske Bank publicara un primer informe interno sobre el escándalo, que ya se mostró insuficiente para cerrar la sangría pero que reconoce que durante al menos siete años su pequeña sucursal estonia recibió inmensas cantidades de dinero negro que transformaba en presentables inversiones en Europa.

El flujo de dinero es tan grande que el banco reconoce en su informe que no es capaz de determinar con exactitud el número de transacciones sospechosas, pero tras estudiar 15.000 cuentas sí acepta que la mayoría de los 6.200 clientes "de riesgo" eran sospechosos.

El dinero que llegaba a esa filial era canalizado hacia la banca europea a través de instrumentos financieros radicados en el Reino Unido y en su paraíso fiscal de las Islas Vírgenes Británicas. La mayoría de esos clientes eran considerados "sospechosos" pero Danske Bank no tomó medidas para controlar que servía como lavadora de dinero negro.

El banco había sido advertido desde 2007 de que estaba siendo usado como lavadora de dinero. Las advertencias le llegaron tanto de las autoridades bancarias danesas como del Banco Central de Estonia e incluso del Banco Central ruso, que le avisó sobre “actividades criminales que incluyen blanqueo de dinero por valor de miles de millones de rublos al mes”.

Tanto la Unión Europea como Estados Unidos investigan el escándalo, que puede llevar a la imposición de fuertes multas e incluso a cargos criminales contra los directivos del Danske Bank. Para la Comisión Europea, según explicó este jueves la comisaria Vera Jourova, “es el mayor escándalo que sufrimos ahora mismo en Europa”.

El caso es políticamente sensible porque entre los clientes "sospechosos" que habrían utilizado la filial estonia de Danske Bank aparecen personas con conexiones con los servicios secretos rusos y con el propio presidente ruso Vladimir Putin. El banco podría haber violado las sanciones europeas y estadounidenses contra Rusia.

El escándalo deja por los suelos la reputación de Dinamarca, uno de los países menos corruptos del mundo, que ve como su principal banco puede haber sido la mayor lavadora de dinero negro de la historia durante casi una década.

ALD/Clarín 

21/09/2018