México no está en bancarrota, pero la mayoría de los mexicanos no se sienten contentos con la forma en que funciona la economía. En la encuesta de Mitofski-El Economista, de agosto del 2018 hay cuatro temas económicos en la lista de las grandes preocupaciones de los mexicanos: crisis 19%; desempleo 9.8%; bajos salarios 5.6%, e inflación 3.8 por ciento.

Hay malestar por la marcha de la economía o dificultad para disfrutar los frutos que ofrece la estabilidad macroeconómica. El hecho es que la mayoría de la población espera un cambio importante en la economía (y otros aspectos de la vida nacional). Ésta es una de las razones por las que ganó la Presidencia Andrés Manuel López Obrador. Fueron más de 30 millones de votos, 53% de total. El candidato de la continuidad, José Antonio Meade, se quedó en un tercer lugar, con 9.2 millones de votos, casi 21 millones menos que AMLO.

De las urnas surgió un abrumador mandato a favor del cambio y dos tercios de la población espera resultados antes de que termine el primer año, según Mitofski-El Economista. Por eso se dice que uno de los principales retos de López Obrador es el manejo de las expectativas.

En primer lugar de quienes votaron por él, pero también de jugadores que participan en otras “canchas”: aliados políticos, clases medias, inversionistas extranjeros, empresarios mexicanos y líderes de opinión.

En este contexto, ¿cómo debemos interpretar el mensaje de Tepic en el que AMLO se refirió a México como un país en bancarrota? Se trata de uno de los discursos más importantes que ha dado, desde que ganó la Presidencia. Por las reacciones que generó y, quizá, por lo que estamos aprendiendo en el debate que ha generado.

Tres días después, parece claro que López Obrador usó el término bancarrota en un sentido figurado, para enfatizar que el país está en mal estado. Aludió a la economía, pero también a la seguridad y los niveles de bienestar. En estos tres días, hemos tenido una probadita de lo que será la discusión pública en el próximo sexenio: un mandatario aferrado a sus puntos de vista y con dificultad para reconocer los argumentos de quienes no piensan como él. Un orador eficaz más propenso a la descalificación que a la conciliación.

Mucho se ha escrito y dicho del uso de la palabra bancarrota. Recomiendo el texto de Luis Cárdenas en El Universal. No quiero abundar en el asunto, porque quiero llamar la atención sobre otro de los mensajes de Tepic, el dedicado al banco central.

Dijo: “Hicimos el compromiso y lo vamos a cumplir, de que vamos a respetar la autonomía del Banco de México, para que haya equilibrios macroeconómicos, que no haya inflación, y que si se dan esos fenómenos no es por culpa del presidente de la República, sino por circunstancias externas o por mal manejo de la política financiera que haga el Banco de México”.

Estas palabras reflejan desconfianza en el banco central y pueden augurar tiempos de confrontación entre la Presidencia y el Banxico. No ha comenzado el sexenio ni ha llegado la primera crisis, pero ya empezó el reparto de culpas.

A López Obrador le parece que 30 años de neoliberalismo le han hecho daño a México y tiene derecho a tener su opinión, pero justo es reconocer que el Banco de México ha cumplido con su mandato de combatir la inflación. No es infalible ni perfecto, pero sí defendible. ¿Por qué trastornar algo que sí está funcionando?

ALD/Eleconomista.com.mx

20/09/2018