Berat Albayrak, ministro de Finanzas de Turquía, anunciará este viernes un "nuevo modelo económico" para enfriar la economía, redirigir los desequilibrios y calmar a los inversores que están sacando sus capitales del país. Se esperaba que el mensaje viniese acompañado de cierta calma, pero parece que no hay descanso para la lira que vuelve a caer más de un 4,5% y está cerca de perder los 0,18 dólares por unidad.

La lira está cayendo en estos momento alrededor de un 4,8% y se sitúa en los 0,1802 dólares por unidad, un nuevo mínimo histórico que amenaza con seguir desbordando la inflación que ya se encuentra en el 15,7%. Este derrumbe de la lira es la mayor caída de esta divisa contra el dólar en casi diez años.

Aunque un giro de timón en el modelo económico de Turquía podría ser bien visto por inversores y expertos, los cambios tardarán tiempo en revertir algunos desequilibrios como el déficit crónico de la balanza por cuenta corriente, que acumula más de diez años en rojo. Turquía necesita estabilidad interna y unas instituciones que pongan la base para que empresas y otros agentes hagan competitiva la economía turca y atractiva para los inversores.

El economista senior de Fitch Paul Gamble explicaba hoy en una entrevista con Reuters que "están prestando gran atención a los eventos actuales en Turquía... el punto clave es la gran debilidad de la lira... estamos vigilando cómo evoluciona la situación. La próxima revisión de rating no será hasta diciembre, pero las cosas pueden cambiar mucho hasta entonces", destaca este experto.

Esta agencia de calificación ya redujo el rating de la deuda turca hasta BB el 13 de julio de este años, "pero el sentimiento del mercado se ha deteriorado más todavía", explica Gamble.

La situación es peor para el mercado de deuda turca en divisa extranjera. El riesgo de que las empresas turcas no puedan devolver esos pasivos se incrementa a medida que la lira toca nuevos mínimos.

Normalmente, las empresas domésticas suelen recibir gran parte de sus ingresos en divisa local, lo que dificulta el pago de la deuda en divisa extranjera cuando la moneda local se deprecia con fuerza.

Esta situación podría condenar a Turquía a pedir ayuda (liquidez en dólares) al Fondo Monetario Internacional, unos dólares que permitirían prestar a bancos y empresas para pagar las deudas en divisa, a la par que afrontar de una forma más ordenada la salida de capitales.

ALD/ElEconomista

 

10/08/2018