El tráfico de celulares en las cárceles de Costa Rica se ha vuelto un negocio lucrativo y poco castigado que permite la continuidad de actividades criminales y la prosperidad de delitos como la extorsión.

Según un informe de La Nación, el director de la Policía Penitenciara de Costa Rica Pablo Bertozzi reveló que se han formado bandas criminales al interior de las cárceles que contratan a personas externas y a funcionarios del Ministerio de Justicia para que ingresen celulares a los centros penitenciarios.

Los prisioneros pueden llegar a pagar hasta 400.000 colones (alrededor de US$706) por cada celular que entra. Una vez dentro de la cárcel, las bandas comercializan los teléfonos a un precio mayor, que puede alcanzar hasta los 800.000 colones (alrededor de US$1.412).

El éxito de este negocio es, en parte, el resultado de que los reos o terceros no pueden ser perseguidos penalmente por estas acciones, ya que no están tipificadas como delito, según La Nación. Las autoridades solo pueden dar sanciones menores a los reos — como llamadas de atención o reubicación — o decomisar los teléfonos.

En los últimos tres años se han incautado 10.014 celulares en cárceles costarricenses. Según La Nación, Bertozzi afirma que son los “mismos reos de siempre” a los que se les confiscan. “Ya tenemos gente […] identificada en ese sentido, gente que repone el celular como si nada, gracias a la ayuda de sus visitas y de funcionarios corruptos”, dijo el director.

Este año también fueron descubiertos en Costa Rica dos casos en los que se adiestraron gatos para ingresar celulares a una prisión de máxima seguridad.

La disponibilidad de celulares en cárceles y la habilidad de los reos para comunicarse con el exterior ha permitido que los criminales sigan llevando a cabo actividades por fuera de la prisión e incluso que reconstruyan negocios ilícitos que habían sido desmantelados.

Esto quedó demostrado, por ejemplo, el pasado mayo, cuando la policía costarricense desarticuló, por segunda vez en dos años, una red de narcotráfico que operaba a nivel nacional y era dirigida desde la cárcel de máxima seguridad La Reforma.

Por otro lado, un funcionario de la Policía Penitenciaria dijo a InSight Crime que la presencia de celulares en las prisiones es clave para el mercado de la extorsión. Para los reos, extorsionar por teléfono o por medio de aplicaciones de mensajería encriptada como WhatsApp puede llegar a generar grandes ganancias sin la necesidad de tener que amenazar a la víctima en persona o recoger el dinero, ya que esto se realiza a través de transferencias bancarias.

En comparación con otros países de Centroamérica, en especial los que conforman el Triángulo Norte, la extorsión carcelaria en Costa Rica se ha mantenido en niveles relativamente bajos. Sin embargo, las autoridades costarricenses han aumentado sus esfuerzos en los últimos meses para combatirla, con capacitaciones de personal penitenciario y la aprobación de una ley que obliga a las compañías telefónicas a bloquear la señal dentro de las prisiones.

El bloqueo de señal podría ser un importante paso para minimizar las llamadas extorsivas desde las prisiones, pero todavía no es claro cuándo el presidente firme las medidas y entren en vigor. Mientras tanto, es posible que los reos se las sigan ingeniando para asegurarse que las comunicaciones sigan disponibles.

ALD/insightcrime

 

 

12/06/2018