Una jueza andorrana está investigando los manejos de medio centenar de exdirigentes venezolanos que se enriquecieron gracias a la corrupción en las empresas nacionales de la República Bolivariana y a empresas españolas que facilitaron y facilitan estas operaciones presuntamente corruptas.

Durante años estas personas con altos cargos dentro de la administración se aprovecharon de su cercanía y asociación con ministros como Rafael Ramírez para intermediar en operaciones mil millonarias con empresas españolas para lograr el cobro de comisiones que terminaron por generar grandes fortunas.

Sin embargo, dentro de esos variables, que podrían ser absolutamente legales se incorporaron pagos, que se salían de esos canales habituales en las relaciones empresariales. Un ejemplo de ello, lo podríamos encontrar en la epecista asturiana Duro Felguera respecto al pago de comisiones al venezolano Nervis Villalobos por su intermediación con el gobierno para que lograran un macro contrato. Sin embargo, hay un 0,5% de esas comisiones que no está registrado en las cuentas de Duro.

Lo mismo ocurrió con empresas del sector energético, del sector agrícola, del sector inmobiliario —como el holding Essentium que construyó miles de viviendas en Venezuela—, o del sector de los medios de comunicación

El mismo modus operandi es el que realizaron muchos de los que, principalmente a la sombra de Rafael Ramírez, lograron enriquecerse gracias a la corrupción. Miles de millones de dólares salieron de Venezuela, miles de millones que fueron hurtados al pueblo venezolano para que unos cuantos puedan pasearse por la Milla de Oro madrileña comprando en las tiendas más caras artículos al alcance de muy pocos y realizando negocios que les permiten, entre otras cosas, blanquear ese dinero que salió de Venezuela.

¿Cómo llegaron estos venezolanos a hacerse millonarios? Diversos testimonios recogidos por Diario16 de importantes empresarios españoles con intereses en Sudamérica que hicieron algún tipo de negocio con esta gente coinciden en que el modelo de actuación era siempre el mismo.

Empresas y ejecutivos españoles contactaban con ellos para ofrecerles un negocio de interés para su sector en Venezuela, siempre poniendo como paraguas la figura de Ramírez en su calidad de ministro y de presidente de PDVSA. Ahí empezaban a funcionar una red de empresas interpuestas y negociaciones que en muchos casos no se fructificaban. En estas reuniones se realizaban en presencia de abogados, asesores que también lo eran de la propia petrolera estatal venezolana, intermediarios y socios de Ramírez, algunos de ellos familiares como es el caso de su cuñado Baldo Sansó.

Entre los asesores e intermediarios también nos encontramos con españoles que eran los que presuntamente organizaban la red para el traspaso del dinero de las correspondientes comisiones que, evidentemente, salían del total de los contratos firmados, es decir, del dinero de todos los ciudadanos de la República Bolivariana.

Estos intermediarios y empresas, en muchos casos españolas, actuaban tanto de cara a los intereses venezolanos como asesorando a estos empresarios españoles, es decir, que jugaban una doble baraja que les permitía cobrar una doble comisión por sus servicios. Por lo tanto, la corrupción no se daba sólo en el lado venezolano sino también en las sociedades intermediarias españolas.

ALD/Diario16

 

 

13/04/2018