2017 ha sido el año en el que los bancos españoles han sido capaces de demostrar a los inversores que lo peor de la crisis que llevó al rescate del sector financiero ha pasado para su negocio. Los beneficios del conjunto de las entidades crecerán en torno a un 18% permitiendo reforzar el capital y restablecer una relación con los inversores muy deteriorada. La posibilidad de pasar página definitivamente se enfrenta a un riesgo muy concreto, según los analistas de la agencia de calificación Fitch: las elecciones catalanas del 21 de diciembre.

Ese día los bancos españoles se jugarán mucho más que la estabilidad y la reedición de los temores de sus clientes en un mercado donde en conjunto acumulan una exposición de 170.000 millones de euros.
«Si la crisis catalana continúa escalando o se prolonga más allá del cuarto trimestre, la buena tendencia de mejora llevada a cabo estaría en riesgo ya que la economía frenaría, los costes de financiación se elevarían y tanto el volumen de negocio como la recuperación del sector inmobiliario se estancaría», según el análisis elaborado por Cristina Torrella y Josu Fabo.
 
En los últimos 11 meses los bancos españoles han conseguido vencer la desconfianza que el mercado había colgado sobre ellos al despejar incógnitas como la recuperación de la economía española y el volumen menguante de la cartera de créditos, los costes de la litigiosidad en torno al mercado hipotecario o la solvencia de los que quedan en pie tras la fulminante resolución de Banco Popular.
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an sólo hace siete meses, bancos como JP Morgan apuntaban a otro ejercicio plagado de dificultades para la mayoría de las entidades, basándose en los mínimos del Euribor, el desapalancamiento de las familias o los costes de los depósitos. Ya en el tercer trimestre, ese punto de vista ha variado.
 
Así, a pesar de haber atravesado momentos críticos el pasado mes de octubre las entidades catalanas, como Banco Sabadell, acumulan una revalorización del 28% en el año y CaixaBank ha subido un 30%. Santander, por su parte, gana un 19%; BBVA, un 17%; Bankinter un 6% y Bankia un 3%.

Con un margen de intereses en mínimos, lo que más convence a los analistas es el ritmo de saneamiento de balances que han mantenido a lo largo del año. Como media han reducido su exposición a los créditos morosos y activos inmobiliarios adjudicados en un 25% a lo largo de los últimos nueve meses.
 
El proceso se ha acelerado este año porque la mejora del mercado inmobiliario ha permitido que las ventas de activos con grandes descuentos superen en número a los que entran.
 
El volumen de activos sigue siendo alto al estar cercano a los 140.000 millones de euros pero, por primera vez desde la crisis, la perspectiva sobre el mayor lastre que acumula el sector bancario atisba un punto final. La agencia de calificación estima que Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia y Sabadell tardarán entre un año y tres para reducir el peso de la herencia inmobiliaria en sus balances al 10%.
 
La mayor operación del año ha sido sin duda la venta de la cartera de activos que acumulaba el Banco Popular y que era incapaz de liquidar por los costes que implicaba. Santander tardó poco más de un mes en ejecutar por 10.000 millones una cartera cuyo valor ascendía a 30.000 millones de euros.
 
Sabadell también ha sido muy activo con ventas destacadas prácticamente en cada trimestre del año y prácticamente ninguna entidad ha dejado de aprovechar la disposición de grandes fondos de inversión para descargar lo peor de sus balances y cumplir así con las exigencias del Banco Central Europeo.
Las mayores operaciones que quedan por realizar están en manos de Sareb y de BBVA, que ya antes de octubre anunciaba negociaciones exclusivas con Cerberus para deshacerse de la mayoría de su filial Anida, una venta que a día de hoy no se ha producido.
 
Para los inversores, la crisis catalana pondrá a prueba la confianza en el valor de los activos que les ofrecen las entidades españolas. Con una subida de tipos por parte del Banco Central Europeo a la vista en año y medio y una perspectiva de robusto crecimiento económico en 2018, los bancos veían cómo todo se alineaba para despegar definitivamente.
 
Las elecciones catalanas pueden acabar con esa ilusión. «Los acontecimientos políticos y en particular los resultados de las elecciones de diciembre serán la clave para el entorno operativo y económico de los bancos», resume Fitch.
 
 
ALDElEconomista
 
12/12/2017