Antilavado de Dinero: Roberto Saviano: En la mafia no hay chicos buenos

Roberto Saviano: En la mafia no hay chicos buenos

Ustedes no reconocerán a un miembro de la mafia. Estén en Nápoles, París, Londres o Ciudad de México, no distinguirían al miembro de un sindicato del crimen de un tipo cualquiera. En realidad siempre ha sido así: la mafia siempre se ha visto exactamente igual a sus vecinos respetuosos de la ley.

La omertà, el código de silencio, surge de una inclinación natural a no traicionar a uno de los suyos. Por extensión, ese código de silencio puede aquejar a gente, ya se trate de personas comunes o políticos, que no quiere escuchar historias que chocan con la imagen de postal que le gustaría proyectar de su país.

En 2009, fue Silvio Berlusconi el que dijo: “Si encuentro al hombre que hizo la nueva serie La piovra [El pulpo] y que escribe libros sobre la mafia que nos dan mala fama en el mundo, juro que lo estrangulo”. Fue una elección desafortunada de palabras pero refleja lo que piensan muchos políticos italianos.

Fue el ex primer ministro Matteo Renzi el que calificó a aquellos que, como yo, abandonaron el encendido relato que decía que Italia se había recuperado de su crisis económica, de “mercaderes de la ruina”.

Italia posee la mafia más peligrosa y poderosa del mundo; también es la mejor para contar historias sobre la mafia. Esas historias son nuestra defensa contra el crimen organizado porque ¿de qué otra manera podemos saber de ella? Algunos ejemplos: ha aparecido una película animada titulada Gatta Cenerentola (Cenicienta, la gata), producida por Mad Entertainment (una especie de Studio Ghibli de Nápoles).

El filme muestra cómo podría ser Nápoles si se mantuviera a la Camorra fuera de las actividades y se pudiera permitirle prosperar… y cómo son las cosas en la realidad, donde nada está a salvo de la infiltración de la mafia y el cambio asusta incluso a quienes se beneficiarían con él.

El profesor, la película de 1986 de Giuseppe Tornatore (inspirada en el libro de Giuseppe Marrazzo) sigue siendo de actualidad incluso décadas después y logra explicar lo que significa pertenecer a organizaciones criminales en las que no hay salida. El profesor mostraba que ser miembro de la mafia es una contradicción de la vida misma: es astucia, subterfugio, traiciones, es afectos sacrificados en el altar del poder, vendettas, es la imposibilidad de poder vivir sin sentirse perseguido.

Mientras se daba La piovra en televisión, ya había dos formas de tratar al crimen organizado. En El profesor, el punto de vista es exclusivamente el del criminal; mientras que en La piovra el protagonista era un jefe de policía, Corrado Cattani, un personaje atormentado que encarnaba la lucha del Estado contra la mafia.

Mi propia obra está influenciada por estos antecedentes, en especial la decisión de adoptar solo el punto de vista del criminal; la elección es tanto calculada como deliberada, y es una que defenderé. Cuando me preguntan: “¿Por qué es que en la serie de televisión Gomorra no hay personajes buenos?”, la ingenuidad de la pregunta casi me pone una sonrisa en los labios.

Un profesor se da cuenta de que sus alumnos son parte de una banda criminal, quizá la que participó en un tiroteo o un apuñalamiento. ¿Qué imaginan que puede hacer el profesor? ¿Denunciarlos? ¿Hablar con sus alumnos? ¿Le pedirían ustedes a un profesor que sacrificara su vida?

O quizá a quienes me hacen esa pregunta les gustaría ver en la TV lo que no existe. Puede que quieran que los tranquilicen y pensar: “No tengo que preocuparme y puedo quedarme aquí cómodamente en mi sillón, disfrutando del programa”.

Yo, en cambio, he elegido querer saber lo que realmente está pasando para poder actuar. Quiero saber cómo funcionan las organizaciones criminales en la realidad, no como imaginamos que funcionan. Quiero saber cómo viven sus miembros; si creen en Dios y a quién le rezan; quiero saber si, antes de ir a cometer un asesinato, abrazan a sus hijos, besan a su esposa, si logran amar a pesar de la crueldad de que son capaces.

“La mafia es un fenómeno humano y, como todos los fenómenos humanos, tiene un comienzo, un medio y por lo tanto también tendrá un fin”, solía decir Giovanni Falcone. Falcone fue el juez asesinado por la Cosa Nostra en 1992 mientras estudiaba sus puntos débiles. Cuando las organizaciones criminales matan, es porque son débiles.

Con el uso de la violencia quieren inspirar miedo y lograr resultados que no pueden obtenerse por la mediación. Cuando estas realidades de la vida de la mafia se mantienen en secreto, si permanecen dentro de las salas de los tribunales y las celdas de la cárcel, informadas solo en la prensa local o las columnas de policiales, el derramamiento de sangre habrá conseguido su propósito.

Pero cuando la historia se cuenta, es como si se produjera un cortocircuito; una historia puede vencer la regla del silencio y ayudarnos a entender la dinámica de la organización y sus miembros. Todo lo que hace falta es un libro, un programa de televisión, una película que eche luz sobre un solo aspecto: eso es todo lo que hace falta para provocar una revolución.

En la película de 1974 de Ettore Scola Nos habíamos amado tanto, un pequeño cine de provincia está dando Ladrón de bicicletas, el filme de 1948 de Vittorio De Sica ambientado en la depresión económica de Italia. Uno de los personajes de Nos habíamos amado tanto, el profesor Caprigno, se enfurece con la película de De Sica; se levanta y declara: “Películas como esta son una ofensa a la gracia, la poesía y la belleza. Esa basura y esos barrios bajos nos denigran ante el mundo”.

A veces siento que nunca nos fuimos de ese pequeño cine de provincia, porque el mundo está lleno de profesores Caprigno. Muchos surgieron de la nada cuando Gomorra (el libro) empezó a tener éxito. Y todavía hoy muchos critican a Gomorra (la serie) invocando los mismos cargos: los napolitanos se sienten humillados y los italianos en general creen que arruina la imagen de su patria.

¿Qué es lo que asusta a la gente en las películas que dicen la verdad sobre la criminalidad? Todo está tomado de la realidad. La narración es exitosa cuanto los personajes son auténticos, con toda la violencia de sus contradicciones, porque no debería ser fácil que nos gusten.

Están atrapados en medio de las miserias diarias y el infierno de sus vidas. Las fuerzas de la ley y el orden y la sociedad civil están en segundo plano porque así son las cosas en la mente de los personajes que estamos describiendo.

Las organizaciones criminales son como gobiernos que operan por otros medios, como las multinacionales que administran su negocio con similar ferocidad. En La ciudad de Dios, San Agustín escribe: “Si quitamos la justicia, ¿qué son las naciones sino grandes bandas de ladrones?”. Cuando la política abandona el camino de la justicia, pierde la carne para dejar al descubierto el esqueleto del bandidaje.

Cuando a la gente le ofrecemos historias de crímenes de la mafia, les hablamos a personas que pueden ver en las historias del mundo del hampa la naturaleza del poder al desnudo: agresión, extorsión, sometimiento. Algunos dirán: ¿dónde está el consuelo? Si quieren consuelo, búsquenlo en otra parte.

Roberto Saviano es periodista y escritor. Desde la publicación de Gomorra, su exitosa novela sobre los crímenes de la Camorra napolitana, vive bajo amenaza.

ALD/The Guardian

03/09/2018