Antilavado de Dinero: Fiscal empezará a destapar la trama de corrupción en el Caso Lava Jato

Fiscal empezará a destapar la trama de corrupción en el Caso Lava Jato

A cuatro años del inicio de la Operación Lava Jato, el fiscal coordinador de la fuerza de tareas de esas investigaciones anticorrupción en Curitiba, Deltan Dallagnol, no duda en destacar los acuerdos de colaboración premiada con delatores como una pieza clave que permitió desentrañar el mayor escándalo de sobornos y desvío de dinero en Brasil, con efectos en casi toda América latina, incluido en la Argentina.

"Si la Argentina consiguiese construir un ambiente favorable para las colaboraciones premiadas, esa punta del ovillo puede empezar a revelar toda la trama de corrupción sistémica allí", apuntó Dallagnol.

En Brasil, los acuerdos de colaboración premiada echaron luz sobre las oscuras relaciones entre el mundo empresarial y el sistema político. Las delaciones de ejecutivos de grandes compañías como Odebrecht y OAS llevaron incluso al encarcelamiento del expresidente Luiz Inacio Lula da Silva , un escenario impensable apenas un año atrás.

Y las derivaciones de estas investigaciones judiciales que sacudieron al país están transformando a la sociedad brasileña, actualmente más interesada en la lucha anticorrupción que en el próximo Mundial de Fútbol: según las encuestas, los brasileños saben hoy más los nombres de los jueces de la Corte Suprema que los de los jugadores de la selección nacional.

El fiscal Delgado denunció que lo quieren desplazar del caso Odebrecht
"Es un proceso saludable de fortalecimiento de la sociedad civil", subrayó el fiscal de la Lava Jato, quien utiliza la categorización del académico estadounidense Michael Johnston para definir el tipo de corrupción que existe en Brasil y la Argentina como de "cartel de elites", en la que grupos económicos y políticos se asocian para saquear a la sociedad, enriquecerse, y mantenerse en el poder mediante el financiamiento ilegal de campañas electorales. El "mecanismo" que describe la serie homónima de Netflix que tanto revuelo ha generado aquí.

Aunque Dallagnol se excusó de hablar en detalle de las revelaciones de la Lava Jato sobre la Argentina -las coimas pagadas por Odebrecht y OAS, la compra de activos de Petrobras por Cristóbal López, etc- porque hay investigaciones que aún corren bajo sigilo e información que está resguardada por los acuerdos de colaboración premiada firmados en Brasil, afirmó que "hay algunas empresas que corrompieron a gran escala en Brasil que encontraron espacio para actuar en la Argentina también".

De hecho, en su delación a la justicia brasileña de fines de 2016, Odebrecht ya confirmó que pagó al menos US$35 millones en coimas a funcionarios argentinos entre 2007 y 2014, aunque se sospecha que fueron casi el doble.

-¿Qué falta para que toda la información sobre Odebrecht llegue a la Argentina?

-A partir del acuerdo de colaboración con Odebrecht, compartimos toda la información con aquellos países que se comprometieron a no usar las pruebas contra los colaboradores. Un sistema de colaboración sólo funciona cuando el colaborador no es colocado después del acuerdo en una posición peor que la que estaría si no hubiera colaborado. Con la Argentina hubo un impasse porque las autoridades judiciales argentinas encontraban dificultades dentro de su ordenamiento jurídico para ofrecer el compromiso de que las pruebas no serían utilizadas contra los colaboradores.

Las noticias que tenemos ahora son que ese obstáculo ya habría sido superado y que la Argentina va a poder ahora recibir esas informaciones. El foco debería estar en usar esas pruebas para descubrir los crímenes practicados por los políticos, los agentes públicos argentinos y por otras empresas y agentes privados que corrompieron a esos agentes públicos. Si la Argentina consiguiese construir un ambiente favorable para las colaboraciones premiadas, esa punta del ovillo puede empezar a revelar toda la trama de corrupción sistémica allí.

-¿Qué recomendación podría hacer a las autoridades judiciales argentinas?

-Un modo de mostrar el compromiso con la investigación sería la creación de una fuerza de tareas, como se hizo en Brasil, u otros mecanismos que puedan optimizar la eficiencia de las pesquisas.

-¿Cuáles fueron los factores que ayudaron a que la Lava Jato tuviera tanto impacto en Brasil?

-Fueron esenciales la adopción de un nuevo modelo de investigación, el apoyo de la sociedad, y una serie de golpes de suerte. Todo eso con un telón de fondo de proceso de maduración institucional desde la Constitución de 1988, que dio independencia al Ministerio Público y a la Policía Federal; también fueron creadas instituciones nuevas, como la Contraloría General de la Unión y el Departamento de Recuperación de Activos y Cooperación Jurídica Internacional.

Luego fueron aprobadas leyes que nos dieron instrumentos para actuar mejor, como la de la colaboración premiada; institucionalizar un mecanismo de colaboración premiada es absolutamente esencial para un país que quiere enfrentar en serio el problema de la corrupción.

-¿Cómo describiría ese nuevo modelo de investigación?

-Nuestro modelo de investigación se basó en cuatro pilares. Primero, los acuerdos de colaboración premiada, que permitieron que un caso de corrupción revele exponencialmente otros actos de corrupción.

El criminal que quiere conseguir una reducción en su pena, tiene que entregar información y pruebas sobre otros crímenes desconocidos, y cuanto más revele, más beneficiado será; claro que no se puede tomar sólo su palabra para acusar a alguien, pero funciona como un guía dentro de un laberinto de corrupción. Hoy tenemos más de 180 acuerdos de colaboración firmados, que maximizaron tanto la punición como la recuperación del dinero desviado.

Se cambia un pez pequeño por un pez grande o por un cardumen. El segundo pilar es la estrategia de fases para ordenar allanamientos y detenciones; hay una gran coordinación entre órganos como el Ministerio Público, la Policía Federal y la Administración Federal de Ingresos Públicos. El tercer pilar es la cooperación internacional; hemos tenido ya más de 550 pedidos de cooperación enviados o recibidos a más de 50 países, y la colaboración de las autoridades suizas fue clave.

El cuarto pilar es una estrategia innovadora de comunicación social que alcanzase a un público más amplio que el que tradicionalmente sigue los temas de corrupción; por eso creamos una página web con toda la información, hacemos conferencias de prensa luego de cada fase, damos entrevistas.

-Esa estrategia de comunicación sirvió de puente para lograr el apoyo social.

-Sí, lo que buscamos es mantener a la población informada porque es justamente el apoyo social lo que nos da fuerza frente a los poderosos criminales con los que lidiamos; son personas que tienen recursos e intentan crear narrativas para debilitar el apoyo de la sociedad a la investigación; narrativas de persecución política, de supuestos abusos de autoridad.

-¿A qué se refiere con golpes de suerte?

-Lo que comenzó como apenas una investigación sobre cambistas ilegales ("doleiros") se vinculó a Petrobras gracias al descubrimiento de un e-mail del doleiro Alberto Youssef en el que se demostraba que él estaba pagando un vehículo a un director de Petrobras, Paulo Roberto Costa.

También tuvimos suerte con el juez de primera instancia que nos tocó por sorteo, Sergio Moro, que no sólo es independiente sino también muy firme. Y tuvimos magistrados excelentes de segunda instancia y en el Supremo Tribunal Federal.

-Al comenzar las investigaciones, ¿en algún momento imaginó que llegarían a revelar el mayor caso de corrupción de la historia de Brasil?

-No, al principio era un caso de lavado de dinero bastante común; nadie podía prever en lo que se convertiría. En lo personal, yo pensaba que sería un caso más destinado al fracaso. Mi historia hasta ese momento era una historia de fracasos en la lucha anticorrupción o de crímenes de cuello blanco, porque el sistema justicial brasileño era disfuncional en relación a ese tipo de crímenes.

La Lava Jato es un punto fuera de la curva de impunidad, pero esa curva aún está ahí. Las estadísticas muestran que 97 de cada 100 casos de corrupción comprobada en Brasil acaban en plena impunidad. La Lava Jato es un paso importante pero no es suficiente; hay que dar muchos otros pasos. Hay que caminar hacia una reforma del sistema de justicia, para acabar con la impunidad sistémica, y hacia una reforma del sistema político, para cambiar las condiciones que incentivan tanta corrupción en ese ambiente.

-¿Cuáles son hoy los riesgos que ve para la Lava Jato, en especial después de las elecciones de octubre? Mucho se ha hablado de que el próximo presidente declare una amnistía que libere a los grandes condenados, entre ellos Lula.

-Una investigación que revela las entrañas de la corrupción en el sistema político-partidario puede tener dos efectos y es muy difícil saber cuál de ellos va a prevalecer. El primer efecto es aumentar la indignación y la aversión de la sociedad a la corrupción; eso sucedió en Brasil y hoy las encuestas indican que la corrupción es la principal preocupación de la sociedad, por encima de educación, salud, seguridad pública y desempleo.

Eso puede llevar a que la gente elija mejor a sus candidatos. Pero también puede tener el efecto opuesto: cuando todo el mundo es corrupto, la honestidad y la integridad dejan de ser un criterio de elección.

-¿Se puede canalizar mejor esa indignación social frente a la corrupción?

-Transparencia Internacional y la Fundación Getulio Vargas desarrollaron un paquete de 70 medidas anticorrupción concretas que buscan promover la integridad en los sectores público y privado. Entre las principales medidas está la desburocratización y transparencia del Estado, la inserción de la temática anticorrupción en la currícula escolar, el aumento de la democracia partidaria; la reducción drástica del foro privilegiado, la protección de denunciantes, etc.

En base a esas medidas se lanzará una campaña para incentivar a los brasileños a votar a los políticos de su preferencia ideológica que atiendan tres requisitos básicos: un pasado limpio, un compromiso con la democracia, y que adhieran a ese paquete anticorrupción. La sociedad tiene que involucrarse en ese esfuerzo de renovación. El foco tiene que ser la elección de miembros del Congreso que cumplan estos requisitos porque son ellos los que podrán aprobar leyes en ese sentido.

-¿Qué importancia le da al encarcelamiento de Lula?

-La Justicia juzga hechos, no personas. En caso de Lula, se consideró si existieron los hechos de los que estaba acusado, si había pruebas más allá de una duda razonable, y luego se aplicó la ley que vale para todos. La Lava Jato no juzgó si Lula hizo un buen o mal gobierno, si trajo o no ventajas para la sociedad brasileña; lo que se juzgó es si él participó de hechos de corrupción. En ese contexto, Lula es una persona más. Pero hay que reconocer que simbólicamente el hecho de que alguien tan poderoso esté sujeto a la ley como todos los demás pasa un mensaje muy fuerte sobre la vigencia del Estado de Derecho y el imperio de la ley. Si no ocurriera eso, el mensaje sería el opuesto.

-Desde el Partido de los Trabajadores (PT) se criticó mucho a la Lava Jato y a usted en particular acusándolos de partidarios, de estar obsesionados con Lula y de buscar evitar que pueda ser elegido presidente de nuevo.

-Inicialmente, la Lava Jato sufrió acusaciones de que su actuación era partidaria porque apuntaba básicamente a tres partidos, el PT, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño y el Partido Progresista, que componían la coalición oficialista. La razón de acusar primero a políticos de esos partidos era simple y lógica: la Lava Jato se enfocó en crímenes cometidos dentro de Petrobras y los directores que ahí estaban practicando actos de corrupción en ese momento habían sido designados por la alianza que estaba en el gobierno desde 2003.

A medida que la investigación evolucionó, se reveló la corrupción en todo el espectro partidario. Tan sólo el acuerdo de colaboración premiada de Odebrecht implicó a 415 políticos de 26 diferentes partidos. Eso porque la compañía tenía contratos no sólo a nivel federal sino también en diferentes estados de Brasil que eran gobernados por otros partidos.

Hay que tener en cuenta que la Lava Jato no es una investigación de unos pocos agentes públicos; hay centenares de agentes públicos concursados, sin ninguna vinculación político-partidaria en su historia que son parte de la investigación. Y el 95% de las decisiones de la Lava Jato fueron ratificadas por las tres instancias judiciales superiores. ¿Se puede pensar que todos nosotros conspiramos para perjudicar o beneficiar a un partido? Sería una inmensa teoría de conspiración que no tiene pies ni cabeza.

-Aún así, mucha gente cuestiona que mientras Lula está en prisión, el presidente Michel Temer consiguió esquivar las acusaciones de corrupción en su contra.

-Temer está en el ejercicio de su mandato y tiene foro privilegiado; eso significa que sólo puede ser investigado, procesado y eventualmente condenado por el Supremo Tribunal Federal. Temer fue acusado por el exprocurador general de la República Rodrigo Janot, pero consiguió realizar una articulación política en el Congreso para que la acusación contra él no llegara a la Corte.

El Congreso suspendió el análisis de esa acusación hasta el final de su mandato, pero no la canceló. Eso significa que probablemente su caso sea remitido a la primera instancia una vez que termine su mandato a fin de año, si no es elegido para otro cargo con foro privilegiado, lo que no creo que suceda.

-¿Cree que, una vez que deje el poder, Temer podría acabar en la cárcel?

-A partir del 1º de enero las acciones penales contra Temer van a poder tramitar en primera instancia, lo que traerá una mayor efectividad. Podrá responder al proceso y ejercer su defensa, y si al final existen pruebas más allá de una duda razonable podrá ser condenado por la Justicia como cualquier otra persona.


ALD/LaNacion

 

05/06/2018