Antilavado de Dinero: Cruda realidad: Por qué la gente no confía en la Justicia

Cruda realidad: Por qué la gente no confía en la Justicia

 El fiscal federal Federico Delgado explica así el relevamiento de Management % FIT : un 49,2% de los consultados sobre cuánto confían en los jueces los argentinos, responde “nada”. Un 32% dice que “poco”; “algo” contesta un 15,2% y que confía “mucho” apunta un 2.3%. Para quien ese menor porcentaje de los que confían “mucho” es simplemente de “los beneficiados”.

El fiscal, autor junto a Catalina De Elía del libro “La cara injusta de la Justicia”, editado en octubre de 2016, observa que ese descreimiento “es merecido absolutamente. Son los hechos, es la impunidad que tiene que ver no sólo con la corrupción. A la gente le roban la bicicleta y no se sabe quién fue, le roban la billetera y pasa lo mismo. La Argentina es un país saqueado hace por lo menos 30-40 años. No hace falta ser sociólogo para darse cuenta”.

Y da cuenta de que “la Justicia no funciona” a su entender por tres razones: la primera es estructural, la segunda cultural y la tercera la selección de jueces y funcionarios que tiene que ver con “rosca: amiguismo, afinidad política”.

Cree también que el proceso de deterioro ha llegado a su punto máximo y que la Justicia se va a mejorar “inexorablemente por el peso de los hechos. Si Argentina quiere ser un país organizado dentro del capitalismo, precisa de reglas básica y asegurar que se cumpla. Los hechos van a imponer un proceso de modernización judicial que va a ser muy brusco”.

Los problemas

Al referir el primer problema que advierte que es “estructural” Delgado, que es también licenciado en ciencias políticas y docente universitario, apunta que “la sociedad pensó a la Justicia como un lugar en el que los conflictos se sancionan y las sentencias van a resolver las tensiones sociales. Pero desde que se formó el estado argentino, la Justicia está lejos de cumplir ese rol. En realidad, se transformó en parte de la política partidaria que debe controlar. Y eso es letal. La Justicia en vez de controlar la política es parte del juego político”, define.

En la entrevista realizada por el envío “Brotes verdes” de C5N, señaló que es en función de ese cambio de rol por lo que “tiende a acompañar a los oficialismos y a ser feroz cuando esa misma gente dejó el poder. Tiende a ‘muñequear’ las causas. Es muy feroz con los débiles y muy suave con los fuertes. Es un problema gravísimo. Y tiene que ver con el atraso tecnológico y cultural, con un atraso que es medieval”.

Explica: “nosotros citamos con telegrama y usamos el fax. Y abrir una cuenta de Facebook oficial es una tragedia administrativa. Y es muy grave, porque Facebook es una herramienta para un caso de trata de personas. Sin Facebook o Instagram es buscar a ciegas”. Justamente la fiscalía de Delgado tiene a su cargo casos de trata de personas, corrupción y lavado de dinero. “Seguimos trabajando con el viejo rubro 59 (trata de personas, prostitución de los diarios) que ya no existe más”.

Cuestionó asimismo “el sistema de elección de magistrados y fiscales entre esos chicos que aspiran a serlo. Todos saben que los concursos del Cosnejo de la magistratura tienen una parte escrita y otra no escrita. En la escrita está la rosca, el amiguismo, el acomodo, la afinidad ideológica”.

Y puntualiza que “esos tres factores: estructural, cultural y los problemas de la selección hace a una Justicia que no quiere nadie. La prueba empírica es cada vez peor. Ahora los jueces van a la televisión a tratar de explicar y defender sus sentencias. Hasta hace un tiempo se escribía, se leía, se debatía. Ahora hay que dar certificados que lo que defendimos es genuino”.

Dijo que es distinto el caso de los fiscales, a los que definió como “abogados con buen sueldo que representan a la sociedad y que a partir de esa premisa tienen que hacer todo lo posible para que los delitos sean descubiertos y luego sancionados. Tienen una flexibilidad mayor que la que tiene un juez”.

Una hipocresía

Hizo notar que “los jueces y fiscales vivimos mucho tiempo a crédito con una hipocresía: que los jueces hablan por sus sentencias. Y en los tribunales hay más o menos 20 periodistas acreditados. O todos tienen las sentencias o el off the record es una usina de información que alimenta permanentemente a los mass media”.

No obstante dijo que “el problema de legitimidad que tenemos, la falta de credibilidad que refleja la encuesta, hace que no quede otra alternativa que los jueces salgan a hablar de lo que hacen porque la Justicia no deja contentos ni al que gana ni al que pierde”.

Y advirtió que a su entender se está en el fin de esta Justicia.

Y al hacérsele notas los recientes fallos: uno de la Corte Suprema desarmando un tribunal que supuestamente iba a apurar los juicios contra Cristina Kirchner y de la Cámara Penal que revisó la prisión preventiva de los empresarios del Grupo Indalo. O las prisiones preventinas apuradas para los kirchneristas ante amenazas de destitución ndel macrismo. Es decir al consultársele sobre “la plancha” o “la aceleración”, dijo que ésa es una realidad que tiene que ver con “estar de acuerdo con los tiempos político9s, en el peor sentido. Porque la Justicia es un poder político (de la polis). Pero juega el juego que debería controlar. Es muy grave”.

Y considera que esto “ha sido un catalizador muy fuerte del proceso de credibilidad. Viendo lo ocurrido con Arribas o con el caso de Odebrecht, reiteró que “la Justicia no investiga los oficialismos, trátese de la época del menemismo, de los militares, del kirchnerismo. Basta con mirar los diarios o meterse en Google”-.

Y tras admitir también que hay un sesgo de clases –castiga más a un pibe con un porro que a un gran narco lavador- dijo que le parecía que “lo que se ha instrumentado es un uso de la Justicia cada vez más fuerte. Y que las causas se usen como elementos para dirimir internas, odios, que no siempre tienen que ver con pata, sino con cargos y disputadas partidarias”.

Ajustada a la ley

 

Manifestó que “la justicia dejó de ser un lugar donde las cosas se solucionan, bien o mal, de acuerdo a la ley, para ser una especie de martillo que se usa para dirimir otro tipo de conflictos”.

Y consignó que la solución “no pasa por una reforma ni por poner 12 obispos, rabinos o pastores para que la administren. La única forma es ponerla a la luz pública con una fuerte capacitación a los más jóvenes y una participación activa de la sociedad civil”.

Definió: “la Justicia es donde nosotros depositamos nuestra libertad, nuestro patrimonio y todos nuestros derechos. Es un lugar demasiado sagrado para dejarlo solo en manos de abogados, es demasiado serio”.

Añadió que “en tanto y en cuanto aceptemos la lejanía que la propia Justicia construye para trabajar con más libertad en usar la ley para destruir o para ayudar a amigos o destruir enemigos. Cuanto más lo naturalicemos estaremos cada vez más lejos de tener una justicia razonablemente aceptable”.

Dijo que ve un avance en la sociedad civil, en el debate que existe actualmente. “Advierte que la Justicia es algo más que el edificio de Talcahuano o Comodoro Py. Que tiene mucha incidencia en nuestra vida pública, que es muy pobre y si es muy pobre la vida pública también lo es nuestra vida privada. Que hay más inseguridad, robos, etcétera. Y ahí está el germen de lo que se plantea colectivamente como problema”.

Tras admitir no estar demasiado conforme con su condición de fiscal porque “no me satisface, se cosecha mucha angustia y mucha frustración y como le ocurre también a los periodistas cuando no están de acuerdo con los vientos de la fortuna, hay que aprender a procesarlo y eso no es demasiado saludable. Pero trato de estar a la altura del compromiso asumido cuando juré el cargo”.-

Y cuando se le muestra el resultado de otro relevamiento en este caso realizado por la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia según el cual el “promedio duración causas por corrupción es de 14 años, pero las condenas firmes a funcionarios acusados en casos de corrupción (1997-2017) es sólo de 5, confiesa que pensaba que eran menos. La causa de Carlos Menem que comenzó en 1991 por el tráfico de armas a Croacia y Ecuador, todavía no está firme, señala.

¿Dónde están los juicios orales y públicos?

Respecto de las prisiones preventivas y la hiperactividad judicial pos-kirchnerismo manifestó que “se inscriben en la lógica de estos tiempos. Lo que a mí me interesa es que haya juicios orales y públicos trasmitidos por TV. La hago cortita: el señor Lopez en junio de 2016 fue encontrado con 2 bolsos que tenían dinero que no estaba en su declaración jurada, eso significa que había que juzgarlo y preguntarle de dónde sacó ese dinero que no había declarado. Ese juicio oral no puede ser muy complejo. Desde esa fecha está en condiciones de ir a juicio, pero viste el juicio?. No, yo tampoco”, acusó

Para añadir que ése es “otro rasgo terrible no se enjuicia, sino que se somete a proceso a las personas, se las deja 10, 12, 14 años procesada”. Y recuerda: “pedí que se investigue a (Amado) Boudou por los autos ésos, en 2009. Y lo citaron a que dé explicaciones en 2016 y Boudou todavía no fue a juicio. Cuántos juicios vimos en los que se declare inocente o culpable a las personas que están procesadas y con prisión preventiva”, interrogó.

 

ALD/Noticiasdel6

 

22/03/2018