La corrupción es uno de los peores males de la sociedad en la actualidad, siendo culpable –en gran medida- de los altos niveles de pobreza y desigualdad social que existe en el mundo por su capacidad de distraer enormes cantidades de recursos públicos, empeorando notablemente los servicios de las naciones y deteriorando su legitimidad democrática.

Datos del Índice de Percepciones de la Corrupción de Transparencia Internacional, publicado este 2018, señalan que este delito ha empeorado en la región latinoamericana y del Caribe. En tanto solo un pequeño grupo de países, que incluye a Uruguay, Chile y Costa Rica, han mejorado en este aspecto. Pero la situación en el resto de los territorios no invita a pensar que sus sistemas y quienes participan en él lo hagan de una forma limpia y responsable.

En la tabla de 180 naciones, la peor calificada de ese lado del mundo -según el índice- es Venezuela, ocupando el puesto 169 con un puntaje de 18 (valorado de 0 a 100). Le siguen Haití, Nicaragua y Guatemala entre los peores conceptuados sobre la percepción de corrupción.

Otros países como Paraguay, México, Honduras y Ecuador obtuvieron una calificación entre 29 y 32, muy alejada a la mejor apreciada de todo el continente americano: Canadá, con 82 de puntaje en transparencia y un honroso octavo lugar en el ranking mundial.

Para el abogado penalista, magistrado, especialista en delincuencia organizada, récord Guinness en prevención de crimen organizado, editor del portal Antilavado de Dinero y autor del libro "Así se lava dinero en Venezuela", Alejandro Rebolledo, estos datos evidencian que la corrupción está arrastrando a gobiernos completos en la región.

“La gravedad de la corrupción en la región es realmente impactante, cuando no solo hemos visto que bajo el punto de vista público tiene grandes precedentes sino además en el sector privado, por ejemplo en el caso de Odebrecht como arrastra a presidentes de la República y altos funcionarios de la región”, dice.

La red de corrupción tejida por Odebrecht abarcó a casi todos los Gobiernos de la región / El Definido

El camino a la corrupción

Ante este penoso escenario que se pinta en la región latinoamericana y caribeña cabe cuestionarse cuáles podrían ser los factores que están promoviendo a la corrupción en estos territorios.

Sin embargo, hallar una respuesta a esta interrogante no es tan sencillo debido a que este crimen es generado por múltiples hechos y varían de acuerdo a cada nación, explica el doctor en derecho español y experto en asesoramiento fiscal y prevención de blanqueo de capitales Jaime Aneiros. Aunque, indica que probablemente lo más relevante sea la ausencia de regulación o la percepción de falta de controles que tengan los distintos sujetos implicados.

“Así, la ausencia total de reglas, la oscuridad de las mismas o la atribución de discrecionalidad a los poderes públicos puede ser uno de los factores que favorezca la corrupción”, aclara. “A ello se une el nivel de renta o, dicho de otro modo, la desigualdad social y económica que exista entre los sujetos. En muchos casos, la posibilidad de obtener ingresos, ya no sólo adicionales sino en sentido estricto, es lo que mueve a algunas personas a participar en actividades relacionadas con la corrupción”, añade.

Esto último podría dar luces sobre lo que estaría ocurriendo en la región, debido a que las cuatro naciones peor valoradas en el ranking de Transparencia Internacional enfrentan actualmente severas crisis económicas y sociales.

En Guatemala es palpable la desigualdad que se vive, siendo evidenciada con la Encuesta Nacional de Vivienda (Encovi) 2014, del Instituto Nacional de Estadística (INE), en la que situaba al 59.3 % de la población en condiciones de pobreza y el 23.4 % en la pobreza extrema; mientras que en Nicargua la grave crisis política que desde abril cobrará otra víctima ha afectado la economía local, que retrocederá en 3% su producto interno bruto (PIB), según estimaciones del gerente general de la Bolsa de Valores de ese país, Gerardo Argüello.

A su vez, Haití continúa siendo considerado el territorio más pobre de América pese a que se espera un crecimiento económico de 1,2% que tuvo el pasado 2017. Otro caso resaltable es el de Venezuela, considerado como el país más corrupto de Latinoamérica y el Caribe, la nación también se llevó la nota negra del reciente análisis sobre proyecciones de crecimiento de la región del Fondo Monetario Internacional (FMI) con una recesión proyectada en -18% y una inflación de 1.370.000% para este año, cifras que la han llevado a sufrir la peor de las crisis económicas de su historia y que ha provocado un éxodo de ciudadanos hacia otras fronteras.

Ambos expertos coinciden en que otro factor que puede llevar a la corrupción es la ausencia de educación y de educación cívica, la cual, junto a las fallas financieras, deja “el campo apropiado para que germinen actividades corruptas, menciona Aneiros. Mientras que Rebolledo enfatiza que el atraso sociocultural de la población es uno de los grandes elementos que llevan al progreso de este delito, en virtud de que, mientras más vulnerables sean los administrados, en esa medida será impune este crimen, bien por el desconocimiento en su práctica, o porque no existan los controles necesarios para determinar la actividad o modalidad en la que se presenta esta acción.

“Por otro lado, debe considerarse a un estado corrupto, como moralmente incapaz. Esta afirmación tiene su fundamento precisamente en la consecuencia anterior, toda vez que, si las personas desconocen las modalidades en las que se presenta la corrupción, así como los controles para evitarla, entonces se acepta moralmente, y los individuos empiezan a considerar normal esta conducta, al extremo de su tolerancia, la cual comienza desde sus bases y con simples actos de corrupción, hasta irse asentando y llegar a niveles muy superiores”, apunta.

Pero la voluntad política acerca de la lucha anticorrupción sufre de variaciones importantes entre países y eso podría explicar en parte el estancamiento de la región. Los territorios que consideran esta cuestión como prioritaria y actúan con un aparato legislativo eficaz, basado “mediante el consenso y la participación política”, logran mejorar sus puntuaciones rápidamente, de acuerdo al análisis de Transparencia Internacional.

No obstante, esto es muy difícil de lograr porque “la corrupción no tiene color político, sino aliados de turno”, recalca Rebolledo refiriéndose a que son precisamente las debilidades institucionales las “mejores aliadas” de este delito.

Datos del Fondo Monetario Internacional colocan en rojo las arcas de las naciones más corruptas de la región

Las redes de la corrupción

El tema de la corrupción es tan complejo que debe ser tratado desde los más bajos estratos de las instituciones públicas, debido a que los niveles de tolerancia en torno a ella se convierten en cadenas que impiden su determinación e incluso se asocian a grupos que facilitan su práctica, convirtiéndose – en muchos casos- en indetectables.

“Por su propia estructura de funcionamiento, los corruptos en cargos de alta gerencia son difíciles de identificar porque son capaces de montar estructuras que le permiten blindarse para evitar ser ellos el enfoque principal de una investigación”, explica el magistrado venezolano y especialista en delincuencia organizada.

A su vez, Aneiros detalla que para la formación de una red de corruptela se trata de tejer una red de contactos en distintos sectores y actividades para poder utilizar su información, su influencia o su poder de decisión.

“Uno de los ámbitos donde intentan tener interlocutores, las redes clientelares, es la Administración pública puesto que sus funcionarios o autoridades tramitan procedimientos que deciden algunos concursos públicos, tienen la potestad de calificar determinadas actuaciones, pueden poner en marcha procedimientos -o no- de supervisión y control o, simplemente, manejan fondos públicos”, aclara.

De allí que se observe un número pírrico de investigaciones de funcionarios de alta jerarquía comparada con las investigaciones de funcionarios de baja monta.

Sin embargo, casos de corrupción y de lavado de dinero como el de Odebrecht demostraron, según Rebolledo, que “la justicia operando limpiamente en un marco de institucionalidad firme, llega hasta los corruptos más poderosos, quienes valiéndose de la Justicia, que ellos mismo han violado consuetudinariamente, logran importantes beneficios procesales a cambio de hablar, de cooperar. Así no se salva nadie”.

Y fue esta misma investigación del Departamento de Justicia en Washington la que además demostró las debilidades institucionales dentro de la región, en tanto las pesquisas detallaron cómo la compañía habría realizado coimas de dinero y sobornos durante los últimos 20 años a funcionarios de gobiernos de 12 países, 10 de ellos pertenecientes al “nuevo continente” (Argentina, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, México, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela), para obtener beneficios en contrataciones públicas.

Igualmente, recalca, existe una doble moral cuando los gobernantes, al no permitir sancionar leyes que realmente castiguen a un criminal, facilitan que en la justicia existan lagunas jurídicas que son utilizadas por los delincuentes para su conveniencia.

“De tal manera que se detiene a un delincuente y por facilismo de tribunales y/o complacencia de algunos jueces, salen nuevamente a las calles, muchos con una sonrisa burlona frente a las autoridades que lo aprehendieron, originando la baja moral de los funcionarios policiales, quienes se ven tentados a la corrupción”, expone el magistrado venezolano.

Los corruptos en altos cargos suelen facilitar lagunas jurídicas para utilizarlas a su conveniencia

Los daños de la corrupción

Uno de los grandes problemas que tiene este delito son sus consecuencias, debido a que es capaz de causar grandes daños dentro de las naciones que padecen este mal.

El experto español sostiene que estos pueden llegar a ser “inseguridad en todos sus sentidos y, por lo tanto, también en el ámbito jurídico y de los negocios, desigualdad social y económica, falseamiento de la competencia entre empresas, existencia de un Producto Interior Bruto irreal, freno al crecimiento social y económico”.

No obstante, uno de los grandes problemas de la corrupción es que otorga grandes facilidades a las actuaciones del crimen organizado. “Muchos políticos corruptos aceptan ‘mordidas’ para permitir flexibilizar leyes o retrasarlas, ya que pueden pertenecer a la red de grupos mafiosos”, asevera Rebolledo.

Su afirmación parece ser corroborada por los índices sobre el impacto del crimen organizado realizado por la revista británica The Spectator, el cual ubica en sus primeros cinco puestos, de entre 137 naciones, a cuatro países latinoamericanos (El Salvador, Honduras, Venezuela y México). Mismos que cuentan con una baja calificación en el análisis sobre corrupción de Transparencia Internacional.

“La corrupción debe verse como la ‘doble moral del mundo’, por cuanto no existe un funcionario corrupto si no hay nadie que lo quiera corromper, y para lograrlo no debe haber respeto institucional”, añade. Y recuerda que una de las formas típicas de lavar dinero es a través de la corrupción en los organismos o instituciones públicas.

Pero, a pesar de que no existe una “fórmula secreta” para acabar con este crimen sí existen maneras de mermarlo, de acuerdo con Aneiros.

“Es esencial la transparencia en los procedimientos administrativos sobre una base de existencia de reglas claras y estables. También se deben fortalecer las reglas de control en el acceso a los puestos y cargos públicos. Por último, deben realizarse actuaciones de control, tanto interno como externo, en el funcionamiento de una Administración”, recomienda.

Por ello Rebolledo alega que para acabar con la corrupción “no basta con imponer sanciones severas para quienes cometan actos de corrupción. Hay que establecer políticas de control y prevención que minimicen los riesgos, aunado a la necesidad de depurar las instituciones a través de constante adiestramiento que le permitan conocer al funcionario público los riesgos, las causas y sobre todo, las consecuencias de dichos actos y su repercusión social, para así crear conciencia y un desarrollo sociocultural, que en su conjunto permita una lucha efectiva contra la corrupción”.

Concluye que “cuando se sienten, en un momento determinado, con cada uno de los sectores que conforman la sociedad en cada uno de estos países para llegar a acuerdos que beneficien a todos. Cuando se den los pasos contra la corrupción, contra la impunidad y apoyo a las instituciones, es cuándo tendremos resultados para un mejor continente”.

ALD / Luis Mendoza

26/10/2018