Los fraudes financieros y el lavado de dinero conforman una de las actividades delictivas que generan cuantiosas pérdidas a las economías a nivel mundial. Además, dado al carácter global de estos crímenes y las redes utilizadas para el manejo de tales recursos, estos constituyen una gran amenaza para la estabilidad de los sistemas financieros y la integridad de los mercados internacionales.

De allí, que actualmente sea de vital importancia para las instituciones tomar medidas para erradicar este problema. Sin embargo, no parece ser tarea fácil.

Casi la mitad de las grandes organizaciones globales han sido víctimas de fraude, robo, lavado de dinero u otros delitos financieros, según una de las encuestas más exhaustivas de negocios internacionales realizadas hasta la fecha, organizada por Thomson Reuters.

El informe denominado "Revelando el Verdadero Costo de los Delitos Financieros" mostró que 47% de los profesionales encuestados admitió que su organización había sufrido al menos un incidente de delito financiero en los últimos 12 meses. Las compañías estimaron una pérdida agregada total de US$ 1,45 billones, o alrededor del 3,5% de su facturación global.

El sondeo publicado a mediados de este 2018 también evidenció la dificultad de abordar estos delitos, al descubrirse que las instituciones hacen negocios con un promedio de cinco millones de clientes o consumidores cada año y 9% de ellas han tratado con más de 10.000 revendedores, proveedores o socios en los últimos 12 meses.

Sin embargo, solo 36% de las relaciones se revisan regularmente para detectar conexiones criminales. Incluso, el estudio sugirió que 41% de las partes con las que los encuestados hicieron negocios en los últimos 12 meses no se examinaron en lo absoluto.

Igualmente, en 41% de los casos conocidos de delitos financieros no se informan, ya sea interna o externamente. Las razones para esto incluyen que en 69% de corrupción y sobornos detectados involucran a alguien internamente, 55% de compañías privadas están preocupadas por daños a la reputación y pérdidas financieras, y 60% de compañías que cotizan en bolsa alegaron que habría un impacto negativo significativo en la confianza del inversionista si tales crímenes salieran a la luz.

Sede de la agencia Thomson Reuters, responsables del estudio "Revelando el Verdadero Costo de los Delitos Financieros"

La importancia de prevenir

Para evitar que estas clases de delitos afecten al sector financiero, lo primordial es hacer uso de herramientas preventivas que blinden a las empresas ante el riesgo de ser potenciales víctimas.

“La prevención es clave para impedir todo esto, porque para sortear todos estos riesgos tiene que haber prevención y para ello tiene que haber capacitación y actualización del recurso humano y las herramientas tecnológicas”, afirma el abogado penalista, magistrado, especialista en delincuencia organizada, récord Guinness en prevención de crimen organizado, editor del portal Antilavado de Dinero y autor del libro "Así se lava dinero en Venezuela", Dr. Alejandro Rebolledo.

Alude a los instrumentos propios de cada sujeto obligado para la verificación de los perfiles del cliente, a fin de descubrir si estos se encuentran fuera del rango de segmentación en el que han sido clasificados en primera instancia.

“Cuando un banco abre una cuenta de una persona lo segmenta como un tipo de cliente. Cuando esa cuenta comienza a comportarse de forma diferente, se prenden señales de alerta y estas dicen que la cuenta tiene un comportamiento raro y se hace un monitoreo de la misma”, explica.

Por su lado, el perito judicial, especializado en blanqueo de capitales y financiación al terrorismo y miembro de la Asociación Española de los Sujetos Obligados en Prevención del Blanqueo de Capitales (Aseblac) Juan Carlos Galindo coincide con Rebolledo.

Indica que para erradicar estos delitos de una institución financiera es necesario también que la empresa tenga voluntad para hacerlo “bien”.

Para evitar el fraude externo “son necesarios unos buenos análisis de riesgos, una buena viabilidad en las operaciones y verificación de documentos. En definitiva una buena detección temprana del fraude”, dice. Mientras que para el interno, con un buen plan de compliance que cubra todas las áreas del negocio sería más que suficiente.

“Si realizamos un buen análisis de riesgos, implantamos códigos éticos de conducta, canales de denuncia internos y externos e implantamos medidas de detección y alerta temprana, tenemos garantizado mitigar con éxito nuestro riesgo de fraude”, sentencia.

En cuanto al lavado de dinero, Rebolledo aclara que las políticas de prevención de riesgos ligadas al conocimiento del cliente, de los empleados de la institución financiera y de los clientes del cliente, son esenciales para evitar este crimen. Así como el adiestramiento, capacitación y actualización de los actores que intervienen en la institución financiera.

Y es que, aclara, “el crimen organizado transnacional permanentemente actualiza sus métodos para lavar dinero y la única manera de que el personal pueda enfrentar eso es mantenerse actualizado constantemente”. Por lo que “no puede pretenderse creer que se está con conocimiento actualizado si no se practica a diario”.

A ello, añade Galindo, se le debe sumar una buena política de admisión de clientes, una averiguación del propósito real de la índole del negocio, con un seguimiento continuado en la relación de negocio y unos perfiles financieros claros, que permitan alertar el indicio de blanqueo, además de softwares de gestión y análisis de perfiles financieros y transferencias, por origen, destino, importe, periodicidad, etc.

“Pero sobre todo, la voluntad firme por parte de la empresa de abstenerse en la ejecución de operaciones sospechosas por indicio y comunicar a las autoridades de control”, recalca.

Todo esto, a su vez, evita el correr riesgos legales que, según el magistrado Rebolledo, pueden ser muchísimos más importantes, en tanto las pérdidas son mucho más grandes para la organización.

La estrategia de conocer al cliente es fundamental para la prevención de riesgos

Actores defraudados

Esto último no da garantías de que las instituciones se den a la tarea de aplicar estos mecanismos preventivos. No en balde, Latinoamérica ha sido escenario de innumerables cantidades de fraudes financieros desde el inicio del nuevo milenio.

Uno de ellos ocurrió en 2003, cuando el presidente del Banco Intercontinental (Baninter) de República Dominicana, Ramón Báez Figueroa, y los vicepresidentes de la entidad realizaron una de las estafas más grande que ha sufrido el país y ha sido catalogado como el séptimo más grande del mundo. Con la extracción de US$ 2,2 mil millones, la creación de un banco fantasma, el robo de recursos estatales y operaciones inusuales. Entonces, fueron capturadas cuatro personas, acusadas de lavado de dinero y fraude.

Esto desató una crisis económica que obligó a la nación a recurrir al Fondo Monetario Internacional para tratar de nivelar lo que Báez Figueroa ocasionó.

Otro caso notorio fue el del banco inglés HSBC en 2012, cuando fue multado por mil novecientos millones de dólares. En aquella oportunidad, se logró determinar que en el transcurso de los años 2007 y 2008 la sede de este organismo en México protegió y toleró el traspaso de alrededor de siete mil millones de dólares a bancos estadounidenses provenientes de los carteles de la droga.

La entidad financiera fue multada principalmente por no tener un sistema de control sobre el lavado de activos debido al poco conocimiento sobre sus clientes.

A esto se une lo sucedido en Bolivia a finales de 2017, donde se desató un escándalo financiero que afectó el bolsillo de todo el país. Juan Franz Pari, ex jefe de operaciones del Banco Unión, robó unos 5,3 millones de dólares.

Se logró identificar que el dinero lo sacaba de las cajas fuertes o de los cajeros automáticos, lo escondía en su cuerpo y burlaba la seguridad valiéndose de su cargo. Sus excentricidades, las fiestas que compartía en las redes sociales y los lujosos regalos que le daba a su novia, Luciana Regina Cagnola, también detenida por estar implicada en el enorme robo, demostraron que Pari sacaba entre US$ 11 mil y 28 mil diarios. Esto afectó la economía nacional, debido a que el mayor accionista de la entidad era el propio Estado boliviano.

No obstante, este hecho palidece ante el golpe recibido por el Banco Central de Chile y la Corporación de Fomento de la Producción de ese territorio (Corfo) en 2003.

Ese año el robo de documentos e información privilegiada por parte de la secretaria del entonces presidente del Banco Central, Carlos Massad, y por el funcionario de Corfo Javier Moya, quienes lo compartían a algunos de los funcionarios de la corredora de bolsa, Inverlink, para solicitar nuevos préstamos de dinero y considerarse solventes de estos, generaron la pérdida de aproximadamente 178 millones de dólares, siendo Corfo la organización más afectada por el desfalco financiero.

Estos casos son evidencia de que las oportunidades de fraude que los estafadores buscan en las organizaciones son: la débil cultura ética, la falta de controles internos adecuados, una escaza capacitación o personal no capacitado en materia de prevención de fraude, una supervisión de cumplimiento deficiente y la existencia de programas, normas y procedimientos antifraude desactualizados.

Ramón Báez Figueroa cometió uno de los fraudes más grandes vistos en la historia de República Dominicana y el mundo

La recuperación

Pese a todas las pérdidas que pueden generarse dentro de una institución financiera que ha sido víctima de estos delitos, la recuperación es posible.

Pero esto pasa por un proceso que requiere de inteligencia, rapidez y voluntad de querer hacerlo, alega el experto español Galindo.

“Se debe tener rapidez en la averiguación de la brecha del fraude y su inmediata reparación, para posteriormente, corregir en nuestro plan de prevención el suceso y sobre todo comunicar a la opinión pública y a los empleados, la detección y mejora posterior de los procedimientos”, menciona.

En ese sentido, el Dr. Rebolledo agrega que es necesaria una auditoría con las diferentes fallas que tuvo la empresa para de esa manera poder establecer las áreas más sensibles y vulnerables a riesgo de fraude y lavado de dinero.

“Uno de los aspectos más importantes que hay que tomar en cuenta es que debe existir una relación tanto en el área de fraude como de lavado de dinero, con intercambio de información para que ahí se puedan tomar las medidas de estos riesgos y crear un blindaje al sujeto obligado, a fin de evitar que se sigan cometiendo riesgos tan graves”, sostiene.

Además, es indispensable el emitir las correctas señales de alerta una vez se ha detectado a un cliente cometiendo un fraude o lavando de dinero.

“Las instituciones deben ser valiente”, asevera Galindo. “Normalmente los clientes que lavan dinero son buenas cuentas, de aspecto legal, inclusive con cierta antigüedad y la resistencia de los gestores de esas cuentas a veces es cruenta, porque prima el resultado económico, que la seguridad nacional, recordemos que el blanqueo de dinero ataca a la economía formal de los países y se convierte en enemigo público número uno de estos”.

Por ello, de acuerdo con el experto, los consejos de administración tienen que ser valientes y determinar cuáles son sus prioridades si, mirar sus cuentas de resultados un poco más ajustadas o mirarlas desde la cárcel.

De hecho, hay que recordar que estas señales de alerta no siempre quieren decir que se está en presencia de un acto delictivo, detalla Rebolledo. “Por eso es que existen estándares internacionales sobre cómo se comportan las personas naturales y las jurídicas”.

De allí que, ante la creciente especialización de los procesos para defraudar, sea necesario que las financiadoras y los bancos trabajen en conjunto con las legislaciones de cada país para generar ambientes más seguros y confiables, apoyándose en la especialización tecnológica en prevención de riesgos para evitar que las actividades ilícitas como el fraude y el lavado de dinero sigan perturbando la economía mundial. 

ALD / Luis Mendoza

18/09/2018