Las transferencias electrónicas de fondos pueden ser un área de alto riesgo para el lavado de dinero y el financiamiento al terrorismo.

De acuerdo con el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), este es el método más importante de enmascaramiento o ensombrecimiento utilizado por los lavadores de activos. Esto debido a que les ofrece ventajas evidentes como rapidez, reducción al mínimo de los rastros contables y de la distancia a la que pueden remitir los fondos, así como el anonimato que favorecen estas operaciones.

De allí que este mecanismo se haya convertido en el “preferido” de los delincuentes, tal como señala el investigador especialista en prevención de blanqueo de capitales y vicepresidente de la organización México Nuevo, Saúl Rocha.

“Las transferencias electrónicas son uno de los métodos favoritos de los grupos delictivos, pues pueden mover cantidades pequeñas de activos de un banco a otro sin ser rastreados o sin llamar la atención de la institución financiera, indica.

Rocha, además, asegura que este es uno de los métodos más sencillos y al mismo tiempo más efectivos a la hora de querer introducir dinero proveniente de actividades ilícitas a la economía. Se basa en que este tipo de transacciones son más difíciles de rastrear para las instituciones financieras.

“Se puede conocer el origen y destino de una transferencia electrónica siempre y cuando se hayan realizado de cuentas pertenecientes a la misma institución financiera, pero si el destino de dichas transacciones son a ‘otros bancos’, se limita el saber exactamente quién es la persona física o moral que recibe ese dinero, por ende, este tipo de transacciones facilita dicha actividad ilícita”, explica.

¿Cómo funciona?

Este método involucra el uso de la red de comunicaciones electrónicas, de bancos o de compañías que se dedican a transferencias de fondos, para mover el producto criminal de un sitio a otro.

Una vez tiene éxito la fase de colocación de los fondos lavados de vuelta a la economía, los blanqueadores tratan de hacer más difícil y complicada la detección de los bienes mediante la realización de múltiples transacciones que, al igual que capas, se irán amontonando unas tras otras dificultando el descubrimiento de su origen.

Y es que después de transferir los fondos varias veces, especialmente cuando esto ocurre en una serie de traspasos sucesivos, se vuelve difícil la detección de la procedencia original del capital. Adicionalmente, este método puede incluir el envío de fondos desde varios sitios dentro de un país o región a una cuenta canalizadora en cierta localidad y cuando el saldo de la cuenta alcanza cierto nivel o "umbral", el dinero es trasferido, automáticamente, fuera del país.

De hecho, esto último fue lo que ocurrió en los años 90, cuando Banco de Crédito y Comercio Internacional (BCCI) blanqueó dinero procedente de la droga a través de transferencias electrónicas para mover el dinero ilícito fuera de Estados Unidos, dejando al descubierto la mayor red de lavado de dinero que se conocía hasta entonces y que llevó a la incautación de más de 12.000 millones de dólares.

Y en Colombia en 1983, donde los delincuentes se apoderaron ilícitamente de la suma de US $13.5 millones provenientes de un préstamo bancario que había conseguido la República colombiana a través de la sucursal de Londres del Chase Manhattan Bank N.A.

Para esta operación los criminales utilizaron tres télex (mensaje enviado mediante un sistema telegráfico) falsificados con el número de respuesta answerback 45407, correspondiente a una máquina de télex del Banco de la República. Entonces, el dinero indebidamente obtenido se trasladó por transferencias electrónicas del Morgan de Nueva York al Hapoalim en Zurich, de éste al Lloys de Ginebra, de allí al Hapoalim en Zurich y finalmente al Leumi de Panamá, donde fue retirado por los malhechores.

Confidencialidad como aliada

Estos casos son una prueba inequívoca de que uno de los mayores problemas en este tema radica en los pocos controles existente sobre las transferencias electrónicas, relacionado con el elevado número de operaciones que a diario se realizan por el sector financiero, amén del interés de ciertos gobiernos en preservar la confidencialidad de dichas operaciones.

Investigaciones recientes demuestran que en Estados Unidos se transfieren más de un trillón de dólares y se realizan alrededor de 400.000 transacciones, que pasan por la cámara de compensación diariamente. Además miles de millones de dólares son enviados electrónicamentedentro y fuera de dicho territorio con escaso control gubernamental.

El jurista egipcio Mahmoud Cherif Bassiouni destacaba entre las razones por las que faltan los controles internacionales de las transferencias electrónicas, que los gobiernos tienen interés en preservar la confidencialidad de una variedad de transacciones financieras.

“Por ejemplo, los gobiernos insisten en la confidencialidad cuando los bancos centrales intervienen el control de la fluctuación de sus monedas nacionales. Si estas transacciones fuesen conocidas se frustrarían los objetivos de la intervención y serían una fuente primaria de información para especuladores de divisas que, por ello, podrían hacer estragos en la estabilidad de las monedas nacionales de los mercados financieros”, expuso, citado por el libro “El delito de blanqueo de capitales” del Dr. Isidoro Cordero Blanco.

Pero esta confidencialidad se ha convertido en un aliado de los criminales que utilizan las transferencias electrónicas para lavar dinero y financiar al terrorismo.

Hay que conocer al cliente

Ya en el séptimo Congreso Mundial de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y tratamiento del Delincuente, realizado en Milán (Italia), se había recomendado revisar las leyes sobre tributación, abuso del secreto bancario y las casas de juego, con el objetivo de que se adecúen en la lucha contra la delincuencia organizada, “particularmente en lo relacionado con la fiscalización de las transferencias de fondos a través de las fronteras nacionales e internacionales, para la comisión de los delitos que se sospecha que interviene esta forma de criminalidad”.

Además, según el especialista Rocha, actualmente las instituciones financieras han venido tomando medidas para evitar que este mecanismo sea utilizado para la realización de este tipo de delitos.

Entre estas acciones resalta el “conocer a sus clientes, actividad laboral o económica, así como a las personas físicas o morales con las que se transacciona. Es decir, que el banco sepa quién es su cliente, a qué se dedica y si las transacciones que realiza son acorde al tipo de cliente que tiene en su institución”.

Rocha alega que para detectar esta clase de casos hay que poner especial atención en los montos de las transacciones que se realizan debido a que, regularmente, son demasiadas transacciones de cantidades pequeñas en muy poco tiempo.

Insiste en que es posible descubrir esta actividad “conociendo a las personas con las que se realizan dichas transacciones, por las ubicaciones en cuanto a destino u origen de esas transacciones, ya que hay ciertas ubicaciones que son consideradas de alto riesgo por el tipo de inseguridad que presentan en varios sectores de la sociedad”.

Por ello, recalca, que “la clave para combatir el lavado de dinero y el financiamiento al terrorismo está, según lo dictan las instituciones financieras y aquellas encargadas de administrar justicia, en conocer al 100% a tu cliente”.

A ello se une la labor de inspectores bancarios, quienes para evaluar si el banco está siguiendo buenas prácticas y si cumple con los requisitos de conservación de registros de la jurisdicción, acceden a los registros de las transferencias de fondos, incluyendo las entrantes, las de intermediación y las salientes. A tal fin, el equipo revisa las políticas y procedimientos que abordan la conservación de registros y la documentación de las transferencias bancarias tanto nacionales como internacionales.

Esto viene de la mano de la nueva norma de la Red de Control de Crímenes Financieros de Estados Unidos (FINCEN), "Requisitos de Diligencia Debida del Cliente para las Instituciones Financieras", en vigencia desde el pasado mayo, que obliga a las entidades financieras -y a sus clientes- a mejorar la transparencia y prevenir actos criminales mediante la identificación de los beneficiarios finales.

Aun así, el entramado para esconder el dinero varía en cuanto a métodos y procedimientos a medida que los grupos criminales se diversifican y encuentran nuevas alternativas para colocar el dinero sucio en cuentas bancarias, lo que convierte a la lucha contra el blanqueo de capitales en una especie de persecución que tiende a prolongarse en el tiempo, advierte el abogado penalista, magistrado, especialista en delincuencia organizada, récord Guinness en prevención de crimen organizado y editor del portal Antilavado de Dinero, Dr. Alejandro Rebolledo.

Por ello, concluye que “todos los días se sancionan en el mundo leyes a favor de la sociedad, pero la delincuencia organizada sigue avanzando y ganando terreno, por lo que es necesario, seguir buscando alternativas para rastrear el dinero y a los cómplices responsables de la destrucción de la economía mundial”

ALD / Luis Mendoza

27/07/2018